martes, 1 de abril de 2008

VOLVÉ PLATÓN, QUE TE PERDONAMOS

En mi último envío titulado “Pato Lucas en estado gaseoso…como el arte”, al final de una larga trascripción (pido disculpas por haberme excedido, pero mi entusiasmo estaba en relación directa con la excelencia del texto, que he terminado de leer y vuelvo a recomendar) al final, decía, hice una pregunta que sólo dos personas me respondieron, supongo que fue porque casi nadie la llegó a leer. La pregunta era ¿Qué significa ser artista hoy?, pregunta que me ocupa y me preocupa en forma permanente, además de algunas otras claro, como ¿Por qué tenemos que morir? ¿Cómo puede alguien creer que este gobierno es progresista? ¿Es gay Ricky Martin?
Meditando sobre esa pregunta recordé que Platón en “La República” plantea una sociedad ideal y también una clasificación en la cual los hombres están divididos en varias categorías, trece, si mal no recuerdo. El primer lugar, el más importante, Platón lo reserva para el filósofo (o sea, él) el más sabio entre los hombres y por lo tanto el único capaz de gobernar la Polis. El último lugar se lo asigna al tirano, el menos sabio, el peor de todos. Lo curioso es el lugar reservado al artista. De nuevo estoy citando de memoria pero creo que le corresponde el séptimo lugar. Porque para Platón el artista es un tipo peligroso para la Polis en tanto y en cuanto no se atenga a ciertas normas muy estrictas con respecto a la creación. No siendo así, el artista se transforma en un personaje altamente subversivo (¡Qué palabrita!) un agente de la disolución, su obra es engaño puro, copia de copia, seducción falsificadora. Por lo tanto el artista debe ser vigilado y si no se atiene a las normas, deberá ser expulsado de la República. Siempre me resultó muy llamativo que con estos planteos el filósofo Platón, el más sabio entre los hombres, el que se reserva el lugar más alto, el del poder, se transforma paradójicamente, y al mismo tiempo en un tirano, el peor, el último en su propia escala… ¿será tal vez que cuando se llega al poder, aunque sólo sea hipotéticamente, es muy difícil no transformarse en un tirano? Bueno, pero ese no es el tema; el tema es que ese texto produce cierta nostalgia de alguna época en que el arte era mirado con desconfianza por el poder. “Subversivo” es una palabra que, en realidad, siempre me ha gustado bastante, le asigno ese sentido nietzscheano de “transvaloración de todos los valores”. El problema es ¿Cómo subvertir todos los valores en un mundo donde queda sólo uno: el mercado? ¿Nos damos cuenta claramente de que todo ha desaparecido en el horizonte de la mercancía? ¿De que el sistema se ha “naturalizado” en nuestra percepción? ¿Saben los peces que viven en el agua?
¿Qué podría ser subversivo hoy? Muchas veces el arte fue subversivo y muchas otras estuvo al servicio del poder; hoy es más bien indiscernible, no es que esté al servicio del poder sino que se ha fundido con él, es mercancía, espectáculo, atracción turística, experiencia difusa, olvidable, rápidamente olvidable. Así que finalmente uno termina extrañando a tipos como Platón, y me atajo: con esto no estoy queriendo decir que extraño a los tiranos o a los totalitarismos de cualquier signo. La diferencia es, creo, que bajo esos regímenes uno sabe claramente donde está el enemigo (pido perdón si la palabra suena fuerte, sé que en esta época tratan de convencernos de no usar algunas palabras que deben ser consideradas anacrónicas, “enemigo” es una de ellas, otra es “pueblo” que ahora es “la gente”, y tampoco se puede decir “derecha”, porque la derecha se está probando el traje del hombre invisible) bueno, decía que en esos casos uno sabe donde está el enemigo, en cambio, en esta “libertad de mercado”, está en cada cosa que comemos, en cada imagen, en cada prenda que vestimos, en cada programa de TV, en cada sitio de Internet y nosotros colaboramos gustosamente con él…y hablando de Internet, hay un sitio bastante nuevo que se llama “Second Life”, ustedes ya habrán leído sobre él y tal vez algunos ya lo hayan visitado. Second Life es un sitio donde se puede vivir otra vida; uno crea un doble de sí mismo, un “avatar” (así se llama) allí uno puede ser delgado si en esta realidad es gordo, alto si es petiso, hombre si es mujer y viceversa, etc. Algo así como el paraíso…pero no piensen en el paraíso de las religiones, me refiero al paraíso fiscal de las islas Caimán, porque en Second Life hay bancos, financieras, empresas, logos. Algunas de las empresas más importantes ya han abierto sus sucursales allí. Es decir que uno puede escaparse para vivir otra vida allí, pasar la mitad de su vida viviendo esa otra vida, pero nunca escapará del capitalismo…porque de eso no se escapa, excepto que uno se muera y vaya al paraíso… ese que nos promete el piadoso Benedicto XVI (que cuando joven supo ser un travieso muchacho de las juventudes hitlerianas) pero teniendo en cuenta la forma en que se comportan en este mundo los representantes del paraíso, es probable que ya haya algunas financieras allá arriba… ¿era arriba, no?
Bueno, ya me fui por las ramas, como siempre. No debería hacerme tanto problema por estas cosas sino más bien acomodarme a las ideas de un “prestigioso” crítico argentino a quien he escuchado decir en muchas oportunidades que “el arte tiene que ser divertido”, y aquí estaría bueno hacer el análisis de esta “categoría”… ¿Querrá decir que la máxima pretensión que puede tener un artista hoy es la de ser “divertido”?
Lo que se dice, ni más ni menos, un bufón.

Los dejo porque está por comenzar “Vomitando por un sueño” y no me pierdo ni un solo programa.

Un abrazo.
El Pato Lucas

ART BASEL MIAMI Y LA INVENCIÓN DEL ARTE

Hola amigos:

Como ustedes ya sabrán, no tenemos más belleza y felicidad. Bueno, a cierta edad uno sabe que la belleza dura poco, y la felicidad menos. Pero no voy a hablar mucho de este tema porque a decir verdad nunca puse un pie en ese lugar. Algunos me han dicho que esa belleza y esa felicidad eran de plástico. El problema son todos esos jóvenes artistas contemporáneos que -se dice- estaban vendiendo muy bien. ¿Qué harán ahora? No importa, si sirve como consuelo podríamos decir que siempre se aprende algo; es bueno saber -y cuanto más jóven mejor- que la más hermosa laguna puede transformarse en una ciénaga.

Pero pasemos a temas más interesantes.

El sábado 23 de diciembre de 2006 en la revista Ñ, Ana María Battistozzi comenta Art Basel Miami. El título de la nota es "La feria del jet-set". Les recomiendo su lectura porque de alguna manera guarda relación con el planteo que hice anteriormente en relación con "El complot del arte" de Baudrillard. Preguntaba y me prterguntaba entonces ¿Puede sobrevivir algún concepto -el de "Arte" sin ir más lejos- donde TODO es mercancía?
Transcribo un fragmento de la nota de A.M. Battistozzi:

"¿Qué tienen en común los zapatos Jimmy Choo y la ropa de Hugo Boss con el Whitney y el Guggenheim? Todo, dirán los jóvenes coleccionistas miembros del directorio de ambos museos que no faltaron a las selectísimas fiestas organizadas en la semana de Art Basel Miami Beach por estas dos firmas con un papel clave en la gestión de las dos instituciones. En realidad, se trata de préstamos de prestigio por el cual un buen habano, un perfunme, devienen en el imaginario lo mismo que un Picasso o un Warhol"

Clarito ¿no?

Y para terminar tambien recomiendo la lectura del libro de Larry Shiner "LA INVENCIÓN DEL ARTE" editado en Paidós Estética.
Otra breve transcripción. En las pags. 21 y 22 de la introducción, Shiner dice:
"El arte, entendido de manera general es un inventio europeo que apenas tiene doscientos años de edad. (...) Es muy probable que lo que muchos críticos temen o aplauden como muerte del arte, de la literatura o de la música seria no sea sino el final de una determinada institución social cuyo origen se remonta al siglo XVIII."

Un gran abrazo.
El Pato Lucas

¿CUÁL OSHO, YOGI?

Voy caminando y veo un cartel en el cuál se publicita un libro, un cartel grande que luego veré muchas veces repetido en la ciudad. El libro es la “Autobiografía de Osho” y lo primero que experimento es un brote de alergia cutánea. El cartel dice algo así como: “un libro para sentirnos bien con nosotros mismos”. Recuerdo que durante mi adolescencia leí una considerable cantidad de libros sobre el budismo zen: Alan Watts, y casi toda la obra de Suzuki Daisetz, Thomas Merton, Ikeda, etc. Si algo queda claro es que en su experiencia máxima, el “satori” el practicante accede a un estado de conciencia donde el ego no tiene cabida, sus límites se disuelven y todo parece estar en orden, no hay bien, ni mal. Una experiencia pre-lingüística. Luego Freud, si no me equivoco, llamará “sentimiento oceánico” a esta especie de experiencia mística y dará una explicación a mi juicio, bastante convincente de su naturaleza,. Pero me estoy yendo por las ramas. Lo que quiero decir es que alguien que ha pasado por esa experiencia, alguien que ha alcanzado ese nivel de despojamiento que persiguen esas disciplinas –el budismo zen, el yoga místico, etc.- debería supuestamente estar más allá de los apremios del ego – por eso A. Watts llama a estas disciplinas “caminos de liberación”- y Osho se presenta como una figura emblemática de ese pensamiento. Pero paradójicamente este personaje –que si no me equivoco ya murió- decidió escribir una autobiografía. Hay que sentirse muy importante para escribir una autobiografía, hay que tener un ego muy bien alimentado para eso ¿no?
No olvido tampoco que Osho tiene como sus principales seguidoras a señoras que viven en “La Joya” California, el barrio más caro del planeta
(-igual que Chopra-) Y aquí, en argentina, también es lectura obligada de señoras adineradas y divas fascistas como Moria Casán que masajean sus egos con esta espiritualidad de plástico importada de California. En cuanto a “un libro para sentirnos bien con nosotros mismos”, creo que ningún Osho llena el hoyo de la existencia.

Pero el arte….. el arte está para llenar por un rato el hoyo, al menos hasta que la obra está terminada y pasa a ser un objeto más en el mundo y a estar sujeta a la mirada de los otros, a sus interpretaciones. Entonces ya no nos pertenece, el hoyo se abre de nuevo y habrá que comenzar una nueva obra.

En la próxima les comentaré un excelente libro que estoy leyendo, escrito por un teórico (pero un teórico de verdad)

Saludos a todos.
El pato Lucas.

BOLIVIA TAMBIÉN EXISTE

BOLIVIA TAMBIÉN EXISTE
(Cuando es un buen negocio)

Casi maravillado por la sensibilidad de algunos compatriotas leí la nota publicada en la revista Ñ-nº 180 el sábado 10 de marzo de 2007, titulada “Bolivia también existe”, cuya autora es Mercedes Pérez Bergliaffa, a propósito ¿Quién es Mercedes Pérez Bergliaffa? Bueno, no importa, sigamos. La nota comienza de la siguiente manera:

“Bolivia y sus influencias no son justamente las temáticas más recurrentes dentro del panorama de exhibiciones de Buenos Aires. Y en realidad es difícil encontrar exposiciones que muestren abiertamente el aporte que las culturas de los países limítrofes están haciendo sobre el imaginario local, a través de su actual inmigración en Argentina. Por eso no deja de llamar la atención que en realidad sea el mundo de la moda (aunque de una moda muy creativo, fuertemente ligada a las artes visuales) el que haya percibido esta riqueza primero, y la haya tomado y revalorizado. Parece que los diseñadores de moda locales tomaron la posta y, a pesar del aura de “frivolidad” que generalmente el público teje alrededor de ellos, se hicieron sensibles a algo que principalmente por prejuicios, a la mayor parte del mundo de la plástica le cuesta digerir. Esto ocurre claramente con Bajoflores: homenaje a la comunidad boliviana en argentina, el proyecto y colección del diseñador de indumentaria Martín Churba”.

Hasta aquí vamos relativamente bien, excepto que ya detectamos alguna tendencia a castigar al mundo de la plástica por no sé muy bien qué cosa que le cuesta digerir. A mí me cuesta digerir el cordero patagónico, pero supongo que ese es otro tema. También nuestra amiga Mercedes nos va sugiriendo sutilmente que, tal vez, los diseñadores de moda no son tan frívolos como el público piensa. Ya tenemos dos cuestiones sobre las cuales reflexionar. 1- Un mundo de la plástica con problemas digestivos y 2- Un público prejuicioso que considera “frívolos” a los diseñadores de moda y no puede ver lo sensibles que en realidad son. Bien, sigamos transcribiendo la nota de Mercedes, que continúa así:

“En relación con este proyecto, en su espacio “Vidriera” –la vidriera de la casa matriz de su marca, Tramando, destinada desde el mes pasado a ser intervenida cuatro veces por año por un artista invitado- Churba exhibe actualmente la obra Ya es hora, de la pintora Cynthia Cohen, que está relacionada con Bolivia y con esta colección de ropa específica.
“La obra se relaciona con la colección de Martín Churba a través de la parte pop de la cultura latinoamericana, de lo que llamamos pop latino”, cuenta Cohen. “En este caso respondiendo a la invitación para intervenir la vidriera, elegí junto con Martín una pintura determinada y una serie de objetos que estéticamente se asocian a este tipo de pop, principalmente a través del color. Todo ello junto da la sensación de que una de mis pinturas se volcó a la tercera dimensión. Es como si uno pudiera entrar en uno de mis cuadros caminando”, explica Cohen”.

La cosa se pone jugosa. Nos enteramos que la marca de Churba se llama “Tramando”, concepto coherente con la actividad textil, pero convengamos que también tiene otras connotaciones y uno se pregunta que es lo que trama Martín Churba. La pintora Cynthia Cohen acompaña la sensible iniciativa con una instalación y uno de sus cuadros en el cuál se podría entrar caminando, -según sus propias palabras-. Yo tuve el dudoso placer de ver la muestra de Cynthia Cohen en la galería Daniel Maman el año pasado y personalmente preferiría antes que entrar caminando en uno de sus cuadros, salir corriendo. Cynthia está en condiciones de crear un nuevo estilo, el “Pastiche especulativo”. Seguimos con la nota de Merceditas, saltando algún fragmento banal e innecesario, si es que hay alguno que no lo sea:

(…) ¿Y ya es hora de qué?”Ya es hora de que uno se dé cuenta –responde Cohen- en qué se va la vida”. Y de que la vida cotidiana de la ciudad se la pasa cambiando constantemente , entre otras cosas, por sus nuevos habitantes.

Bien. Una toma de conciencia siempre es positiva. Al fin Cynthia se ha percatado de que uno no puede pasarse la vida de cocktail en cocktail.
Pero sigamos con la nota:

“Bajoflores…nació en un momento en que en Buenos Aires hubo una serie de problemas con los obreros bolivianos clandestinos y la inmigración boliviana de ese barrio. Fue el momento en que se incendio una fábrica textil con obreros bolivianos ilegales. “La situación que se generó entonces nos llamó mucho la atención”, explica Diego Daneri, quien es parte de Tramando. (…)”Además, en nuestro staff de tejedoras hay una chica de Bolivia, quien nos fue introduciendo de a poco en el mundo de los aguayos”. Estos son tejidos artesanales andinos, identificables con Bolivia, originalmente de lana de oveja o de llama y en los que los que los hombres y mujeres de una determinada comunidad telan sus historias, sus símbolos.(…) “Cuando Martín tuvo que diseñar su nueva colección, no dudo en inspirarse en ellos y en quienes realmente están haciendo patente esa influencia a escala local, o sea, los inmigrantes del Bajoflores”, remata.
Colores alegres, texturas y materiales rústicos, naturales, guardas andinas. Las polleras y los sombreros de las “cholas”bolivianas resignificados en la colección de Churba y, a la vez, convirtiéndose en objeto de observación, creación y análisis en el proyecto Vidriera”. Hacen visible una parte del escenario de las calles de Buenos Aires que a veces pareciera, para muchos, invisible. Los proyectos (colección y Vidriera) están realizados en una especie de “traducción”, en una clave determinada, más cosmopolita, lo que permite abrir un espectro nuevo a públicos que no siempre están atentos a las influencias populares.

Aquí hace su aparición otro sensible, Diego Daneri quien junto con Churba debe haberse sentido muy preocupado por la situación de los inmigrantes bolivianos, sobre todo cuando se incendió la fábrica, pero como se trata de gente cool no puede expresar esos sentimientos en exceso, pero nos comunican su preocupación contándonos que esa situación “les llamó mucho la atención”. Luego nos cuenta que en su “staff” de tejedoras tienen una chica boliviana que los ha asesorado – y a quien no dudo que le deben haber aumentado el sueldo por este servicio- introduciéndolos en el mundo de los aguayos, tejidos donde hombres y mujeres del altiplano plasman sus historias y sus símbolos . Lo que me pregunto es ¿Qué historias y qué símbolos transcribirá M. Churba en sus aguayos? ¿O serán signos más que símbolos?, por ejemplo $ o bien U$D, perdón pero no tengo el de “euro” en el teclado.
Quiero apartarme por un instante de la nota de Mercedes Pérez para agregar una información que acerca del mismo tema publicó el diario Perfil el último fin de semana.
Allí se dan algunos precios de las prendas que M. Churba diseño para este “homenaje”.
La chaqueta cuesta $ 450, y una pollera $620 (boli-skirt parece que se llama) Quiere decir que para vestirse de “chola cool” basta con desembolsar unos 1060 pesitos. Pero me estoy olvidando del sombrero, bueno, serán unos 200 pesitos más, una bicoca. Imagino que una parte de la recaudación de este “homenaje” será destinada a alguna asociación de ayuda a la comunidad boliviana, tratándose de tan sensibles diseñadores. ¿No es fantástico que Martín le haya puesto boli-skirt a la pollera? Siguiendo esta lógica y teniendo en cuenta la alusión de Cynthia Cohen al pop, la muestra podría llamarse Boli-Pop.
El espacio “Tramando”, del sensible Churba se encuentra en Rodríguez Peña 1973, que no es precisamente bajo flores, pero sí un barrio muy frecuentado por la comunidad boliviana, cuando van a sus trabajos de albañil, o de servicio doméstico en las casas de las señoras que muy pronto se disfrazarán de cholas fashion.
Ahora sí, transcribo el final de la nota de Mercedes, que nos tiene reservado un buen bocado, y también un chivo –bueno, toda la nota es un chivo-:

“Todas las piezas de la colección Bajoflores: homenaje a la comunidad boliviana en Argentina se venden en la casa matriz de Churba, el mismo lugar donde, en su vidriera, expone Cynthia Cohen. Una especie de museo de la calle vivo, recreado de manera sofisticada. A fin de cuentas, a la hora del trabajo del “ojo cazador” –o sea, el momento previo al que un artista piensa y crea una obra- pareciera que es en el diseño en donde la realidad más real encuentra un eco, antes que en el mundo de las artes plásticas en sentido estricto. Como si el ojo que camina fuera, a veces, más receptivo. Quizás desde una cierta funcionalidad, el desarme de ciertos tabúes fuera más fácil”.

Al fin Mercedes mostró la hilacha del todo,- ya que de tejidos hablamos-. No quiero ser insistente pero con esto volvemos a mi viejo tema de que todo es mercancía, y aquello que no lo es, no tiene sentido, casi no tiene derecho a la existencia, exactamente como las “artes plásticas en sentido estricto” que para Merceditas no son funcionales al sistema, como lo es ella, obviamente, a quien espero, por lo menos le hayan regalado una boli-skirt por el trabajo de promoción de tan maravilloso y sensible homenaje. Merceditas ensalza el diseño y quiere acabar con las artes plásticas, que no sirven para nada, igual que la filosofía, por ejemplo, que no sirve para nada, excepto para pensar, pero ¿quién quiere pensar en esta época?
Gracias Mercedes por avisarnos que tenemos que dejarnos de joder y entregar el rosquete de una vez por todas. Es más, ya dejo de escribir y salgo corriendo al local del sensible Churba a comprarme alguna boli-prenda, antes de que se agoten.

Saludos.
El pato Lucas

PERIFÉRICA KINDER GARDEN

Borges decía que algunos libros llevaban títulos que eximían de su lectura, tal el caso de “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer. Creo que el título de este breve texto no deja dudas acerca de su contenido. Obviamente yo no soy Schopenhauer, o lo soy en igual medida en que puede decirse que Periférica es una feria de arte.
Salvo los trabajos de un par de amigos –a quienes no mencionaré para no ser acusado de parcialidad- y de algún que otro –para mí- desconocido, todo lo que vi allí fueron baratijas y paparruchadas. Un verdadero jardín de infantes. Alguien me dijo “Y bueno, es lo que hacen los jóvenes” Pero ¿Qué jóvenes? El nivel no parecía superar los 12 o 13 años como mucho. Muy pocas cosas excedían la idea de juego infantil, por no hablar de verdaderos mamarrachos, y sin embargo estoy seguro que la mayoría de los artistas son mayores de 20 o inclusive de 30 años. Bueno, también se dice con mucha frecuencia que en la actualidad la adolescencia se ha prolongado más allá de los treinta años. Periférica parece ser una clara demostración, además de las publicidades que vemos en la televisión dedicadas a ese target en las cuales reina el sinsentido la banalidad o la estupidez. ¿Uds. fueron? ¿Qué opinan?

Un abrazo.
El pato Lucas.

ACERCA DE LOS CRÍTICOS

Hola a todos:

Quiero compartir con ustedes un texto que considero una pequeña joya. Espero que los críticos no se ofendan; supongo que los que tengan sentido del humor no lo harán. ¿Hay críticos con sentido del humor?

Bueno, transcribo a continuación un fragmento del libro "Diccionario de las artes" del escritor español Félix de Azúa, editorial Anagrama, pag. 112.:

"Crítico. No confundir con el sabio ni con el profesor.
El sabio es aquel que trata de conocer la razón de ser y el fundamento de las cosas en general y del mismo ser en particular. En el terreno del arte busca, por ejemplo, cuáles son las causas profundas de una actividad humana tan distinta de todas las demás. Y quiere averiguar, incluso, si de verdad es tan distinta. Las obras de arte son, para el sabio, signos de un jeroglífico del tamaño del universo, y los productos artísticos, palabras de una narración cuyo comienzo se sitúa en las cavernas y cuyo final posiblemente se sitúe en el mismo lugar.
El profesor es mucho más fácil de reconocer. Habita en la universidad y sabe algunas cosas. Suele tener un campo de conocimientos muy discreto pero macizo. En el terreno del arte conoce bien, por ejemplo, la influencia de las vacas sobre la Escuela de Barbizón o la actividad de los ceramistas valencianos del siglo XIII. Si se le empuja fuera del campo específico de sus conocimientos, muestra un atroz desconcierto. Las obras de arte son para él la leña con la que enciende su estufa para no morir de frío en las largas noches de invierno.
Pero el crítico es un individuo de especie distinta. Hasta hace relativamente pocos años sólo se conocían dos tipos de crítico.; el de toros y el de teatro. Luego se han multiplicado y en la actualidad hay críticos de libros (casi todos dedicados obsesivamente a la novela), de cine, de televisión , de fútbol, de alta costura, de gastronomía, de conciertos y de todo lo imaginable. En un periódico de Madrid hay incluso un crítico de misas.(...)

El crítico a diferencia del sabio que lo sabe todo y del profesor que sabe algo, no sabe absolutamente nada, pero está informado. Su información le permite dar cuenta (a favor o en contra, nunca objetivamente, nunca informativamente) de lo que se va produciendo. Su información atiende a lo actual: es un experto en actualidades. Si una obra de arte le parece actual dice que es buena; si le parece inactual dice que es mala. Con ello consigue alabar sólo aquello que carecerá de interés al cabo de un par de meses.
Este fenómeno, a saber, que todo lo alabado por la crítica es transitorio y carece del menor valor no actual, y que casi todo lo denigrado y olvidado por la crítica tiene posibilidades de permanecer (pero tampoco todo: no hay que darse facilidades), constituye un tópico de la modernidad desde Baudelaire, comprobado en miles y miles de ejemplos, y muy bien argumentado por pensadores y sabios como Walter Benjamin o Mrtin Heidegger. Pero no ha hecho perder ni un centímetro de poder, ni un gramo de aplomo a los críticos, sino todo lo contrario. ¿Por qué?
Está muy bien explicado en los artículos de crítica de Baudelaire, uno de los mejores críticos que jamás hayan existido y cuyos errores (declarar a Constantin Guys como el mejor pintor del momento y no mencionar a Manet, por ejemplo) son también de los mejores que ha producido la crítica.
Baudelaire se percató de que la crítica es la verdadera constructora del puro presente y que, por lo tanto, el crítico habitaba en la más completa instantaneidad o vacío.El crítico, uno de los pilares del periodismo, es el sustentador de la nada cotidiana, la cuál, de no ser por el crítico y los periodistas tendría dificultades, tendría dificultades para ser percibida. El crítico es una criatura del nihilismo, con mando en el mantenimiento de la nada. Es uno de los mayores fabricantes de nada, en una sociedad con un insaciable apetito de naderías.
Este juicio, que no es un juicio crítico, fue más tarde desarrollado con brilñlantez por uno de los más grandes periodistas modernos, Karl Krauss. Construír la nada, el abismo del puro instante presente, como lo verdaderamente esencial, ocultando de este modo la temporalidad y lo real, tal es la titánica obra del crítico y del periodista. Krauss sin embargo, por ser el mismo un crítico y un periodista, no podía ni imaginar que esa ocultación iba a ser lo único real de nuestras sociedades.
No se vea en lo que digo un reproche o una queja. Es una mera constatación. También este libro que el lector tiene la misericordia de estar leyendo es un libro de crítica y de periodismo. Es muy difícil, en estos tiempos nuestros, no haber cometido alguna vez actos de crítica y de periodismo en algún mpomento y por las razones más raras. El vacío lo sustentamos todos y la acusación general contra "los periodistas" olvida muchas veces que periodistas son también quienes leen periódicos. Incluso más.
El poder que han acumulado los críticos y los periodistas en los últimos treinta años no es sino la constatación de que su labor ha tenido un éxito rotundo y en este momento son los críticos de las diversas artes, sin duda, quienes construyen las artes, y los periodistas quienes construyen la realidad. Y no hay más arte ni más realidad que la por ella sancionada.(...)

De hecho, los críticos y los periodistas se habían convertido a su vez en artistas, o los artistas se habían convertido en críticos y periodistas e iban por esos mundos predicando la moral artística, aveces a favor de unos, a veces a favor de otros, siempre a favor de si mismos. Uno de los últimos representantes de aquella crític, Beuys, que hizo un poco de todo, desde comunismo a ecologismo, pero siempre del modo más aburrido posible, logró sobrevivir hasta los noventa y todavía quedan moralistas que lo toman al pie de la letra.
Pero se trata de una excepción; la abundancia dineraria de los años ochenta había ya transfigurado a aquellos críticos y periodistas metidos a conceptuales, minimalistas e instaladores. El regreso del dinero y de la pintura , gracias a la brocha de los italianos y alemanes neoexpresionistas y neofigurativos, siempre neo-algo para que se advirtiera que estábamos de nuevo ante una novedad, inspiró a los críticos de la noche a la mañana y los convirtió en directores de galerías y museos.
Vender pintura en los años ochenta ya no era pecado, de manera que los críticos podían volver a ejercer su control de calidad, pero habían ganado tanto pòder en los últimos veinte años como para exigir el ejercicipo de ese control cobrando un porcentaje de las ventas y tomando para sí todo el protagonismo mediático, una palabra que se inventó en aquellos años. Así aparecieron los críticos mediáticos para ampliar al campo de la televisión su ya enorme poder. Organizaron exposiciones en los museos y en las galerías, encargaron miles de catálogos, organizaron exposiciones para los ayuntamientos y diputaciones, municipios y condados, firmas de bolsos y compañías aéreas, encargaron miles de cat´´alogos. Salieron en todas las televisiones con el catálogo en la mano. O con el pintor en una mano y el catálogo en la otra.
El último capítulo de esta historia, a saber el derrumbe financiero de los años noventa al que tanto contribuyeron los críticos, los catálogos y los periodistas, no ha concluído todavía, pero puede describirse el nuevo avatar de los críticos y periodistas diciendo que los mejor colocados han pasado a dirigir grandes consorcios financieros y todos los demás son ahora funcionarios del Estado a quien aconsejan en materia cultural y artística. Siguen haciendo catálogos. (...)"

Fin de la transcripción. El texto continúa y he omitido también algunos fragmentos en el medio. Espero que no les resulte demasiado extenso.
Todo el libro es recomendable, lleno de ironía. Léanlo.

Laura ¿Dónde estás?

Un abrazo para todos.
El pato Lucas.

EL ARTE EN ESTADO GASEOSO

Hola a todos.

Quiero recomendarles un libro, pero también compartir una duda que desde hace un tiempo me viene rondando….¿Y si Marcel Duchamp no hubiera sido más que un gran bromista? Quiero decir, un bromista muy inteligente, culto y seductor. Si así fuera, el arte contemporáneo y la mayor parte de su teoría anexa estarían girando sin fin alrededor de un chiste. Recuerden que una de sus frases más significativas fue “Les tiré un urinario por la cabeza y lo convirtieron en una obra de arte”…Notable, nos tiró un urinario por la cabeza hace 90 años y la mayoría de nosotros aún lo tenemos incrustado precisamente allí, en la cabeza. Podría decirse que fue una broma pesada y duradera…

Bueno, el libro que les quiero recomendar es:

EL ARTE EN ESTADO GASEOSO.
de Yves Michaud
Fondo de Cultura Económica.
Breviarios.

Ante todo debo agradecer a mi amiga María por pasármelo, y para entusiasmarlos un poco paso a transcribir algo de la introducción:

“Este mundo es exageradamente bello.
Bellos son los productos empacados, la ropa de marca con sus logotipos estilizados, los cuerpos reconstruidos, remodelados o rejuvenecidos por la cirugía plástica, los rostros maquillados, tratados o listeados, los piercings y los tatuajes personalizados, el ambiente protegido y conservado, el marco de vida adornado por las invenciones del diseño, los equipos militares con su aspecto cubo-futurista, los uniformes rediseñados tipo constructivista o ninja, la comida mix en platos decorados con salpicaduras artísticas a no ser que de manera más modesta sea empaquetada en bolsas multicolores en los supermercados (…). Hasta los cadáveres son bellos cuidadosamente envueltos en sus fundas de plástico y alineados al pie de las ambulancias. Si algo no es bello, tiene que serlo. La belleza reina. De todas maneras, se volvió imperativo: ¡que seas bello! O, por lo menos, ¡ahórranos tu fealdad!
Claro, estoy bromeando: la belleza en cuestión está en nuestras miradas y los imperativos en nuestras ideas. Fuera de ello, si se suspende el uso de aquellas categorías propiamente estéticas, subsiste el mismo océano de fealdad (salvo que en éste caso, observémoslo, la categoría de la belleza es de la que aún hacemos uso subrepticiamente); de horror (por lo menos en este caso hemos cambiado un poco de categorización), de trivialidad cómoda que constituye lo ordinario del mundo. Basta con cambiar de lentes y de modo de pensar para encontrarse con un mundo que ya no es nim bello ni feo, que será captado bajo otras cualidades y propiedades, que de golpe vuelve a ser tal como se pudo presentar en otros tiempos o en otras culturas. Según las sociedades, las religiones, los modos de producción, este mundo pudo ser experimentado, vivido o considerado como valle de lágrimas, mundo de dolor o de gozo, de trabajo o de dulzura, de justicia o de escándalo, de humildad terrenal o de aspiración al más allá; de ninguna manera como bello o como feo. Salvo que ahora los lentes de la estética están bien puestos sobre nuestra nariz y las ideas de belleza bien metidas en nuestra cabeza. Nosotros, hombres civilizados del siglo XXI, vivimos los tiempos del triunfo de la estética, de la adoración de la belleza: los tiempos de su idolatría.
Resulta difícil y hasta imposible escapar de este imperio de la estética. Hasta la visión moral de los comportamientos parece estar ahí “para verse bien”, y la moral se vuelve una estética y una cosmética de los comportamientos. Es necesario que el mundo rebose de belleza y, de repente, rebosa efectivamente de belleza. Este mundo, hoy, es exageradamente bello.
La paradoja en la que me voy a detener es que tanta belleza y, junto con ella, un tal cultivo de la estética se cultivan, se difunden, se consumen y se celebran en un mundo cada vez más carente de obras de arte, si es que por arte entendemos a aquellos objetos preciosos y raros, antes investidos de un aura, de una aureola, de la cualidad mágica de ser centros de producción de experiencias estéticas únicas, elevadas y refinadas. Es como si a más belleza menos obra de arte, o como si al escasear el arte, lo artístico se expandiera y lo coloreara todo, pasando de cierta manera al estado de gas o de vapor y cubriera todas las cosas como si fuese vaho. El arte se volatilizó en éter estético, recordando que el éter fue definido por los físicos y los filósofos después de Newton como medio sutil que impregna todos los cuerpos.
Esta desaparición de las obras para dejar lugar a un mundo de belleza difusa, profusa, como gaseosa, nace, nació, de varios procesos.
Por un lado un movimiento de desaparición de la obra como objeto y pivote de la experiencia estética llegó progresivamente a su fin. Ahí donde había obras sólo quedan experiencias. Las obras han sido reemplazadas en la producción artística por dispositivos y procedimientos que funcionan como obras y producen la experiencia pura del arte, la pureza del efecto estético casi sin ataduras ni soporte, salvo quizá una configuración, un dispositivo de medios técnicos generadores de aquellos efectos. Una instalación de video como ya se ve en cualquier galería o en las boutiques de lujo es el paradigma de esta especie de dispositivo productor de efectos estéticos.
Para retomar la expresión utilizada en 1972 por el crítico de arte Harold Rosenberg, junto al proceso de desestatización del objeto existe un proceso de desdefinición del arte. Al reflexionar sobre las producciones del neodadaísmo de los años sesenta, los happenings de finales de los años cincuenta, las transcripciones y desvíos de objetos e imágenes ordinarios del arte pop, Rosenberg, crítico de vanguardia, trotskista estadounidense, heraldo de la pintura gestual (action painting), hacía constar que las obras de arte de su tiempo eran cada vez menos obras sobresalientes de un género y utilizaban los materiales reconocidos de este género. Señalaba que cada vez más cosas diversas y heteróclitas –y finalmente cualquier cosa- podían funcionar como obra y ser propuestas como tales. Duchamp, precursor enigmático y malicioso, abrió la caja de Pandora a principios del siglo XX con su ready made. Warhol, ícono frío de los sixties, cumplió con su popularización por medio del arte pop cuando cajas de detergente Brillo
(por cierto todavía fabricadas, todavía producidas: madera aglomerada cubierta por serigrafías) se vuelven esculturas en una transustanciación tan oscura y adorable como la de la eucaristía.
Esta primera mutación aparece muy temprano en el arte del siglo XX –probablemente a partir de los Papiers collés de la primera década del siglo pasado-. Se extiende a los objetos del arte y a la naturaleza de la creación: el creador de obras es cada vez más productor de experiencias, ilusionista, mago o ingeniero de efectos, y los objetos pierden sus características artísticas establecidas. Los cuadros acogen fragmentos de papel pintado o de linóleo, collages, trozos de objetos y de elementos reciclados –hasta que ya no quede nada del cuadro en el sentido de la convención de una superficie coloreada- Instalaciones de objetos o performances se vuelven obras. Las intenciones, las actitudes, y los conceptos se vuelven sustitutos de obras. Sin embargo, no es el fin del arte: es el fin de su régimen de objeto.

Segundo proceso interno del mundo del arte, diferente del primero pero desemboca en lo mismo: un movimiento de inflación de obras hasta su extenuación. Desde este segundo punto de vista, las obras no desaparecen por evaporación o volatilización sino, al contrario, por exceso y hasta por plétora, por sobreproducción: al multiplicarse, al estandarizarse, al volverse accesibles al consumo bajo formas apenas diferentes en los múltiples santuarios del arte transformados en medios de comunicación de masas (los museos son mass media). Hay tanta profusión y tanta abundancia de obras, tanta superabundancia de riquezas que ya carecen de intensidad: abunda la escasez y lo fetiche se multiplica en los departamentos del supermercado cultural.. Casi al mismo tiempo, en el campo de la relación con las experiencias y del culto del arte, se ve la racionalización, la estandarización y la transformación de la experiencia estética en producto cultural accesible y calibrado. Esta es la verdad en la época, primero del tiempo libre, del turismo y de los progresos de la democratización cultural y, segundo, de la mediación cultural. Lo que se traduce y se manifiesta a la luz del día en el desarrollo y posteriormente, la inflación del número de museos y su transformación en templos culturales del arte (malls del arte). En estos se consume, en todos los sentidos del término “consumir”, una producción industrial de las obras y de las experiencias que desemboca también, en la desaparición de la obra.”(…)

Bueno, si les interesa cómprenlo, pídanlo prestado, etc,

Y ahí van un par de fragmentos de otro texto interesante y reciente. Se trata de:

“LO CONTRARIO DE LA INFELICIDAD”
Promesas estéticas y mutaciones políticas en el arte actual
José Fernández Vega
Ed. Prometeo

Fernández Vega es argentino, investigador del Conicet. y profesor de la U.B.A
Leyendo el texto podríamos decir que es un teórico ”de verdad”, no como algunos de los que ya henos hablado anteriormente y que se empeñan en tratar de convencernos de que el arte “tiene que ser divertido”…¿Qué clase de categoría es esa? Bueno, ese es tema para otro día.

Transcribo:

¡Todo lo que se diga sobre el arte actual parece condenado a replicar, de manera involuntaria o deliberada una característica del individuo, y acaso también, una visión general de nuestra cultura. ¿Pretende el arte una autonomía que no es capaz de sostener? ¿Se halla entregado al comercio, subsumido al capital?¿O se trata quizás de que perdió referencias, de que ya no dice nada significativo?
Como el propio individuo, el arte ha recibido acusaciones por su escasa disposición hacia el otro y por su empobrecimiento interior. ¿Es incapaz de vincularse fuera de su círculo íntimo a causa de su lenguaje narcisista, demasiado autorreferencial? ¿Desecha las metáforas poniendo en su lugar toscos mensajes literales debido a la hegemonía semántica de la técnica? ¿O acaso en el origen de semejante atrofia simbólica hay “solo” una excesiva exposición a las radiaciones de la (in)comunicación de masas?”
(pag.9)

“El año 1984 resultó una fecha signada por la paradoja para el filósofo estadounidense Arthur C. Danto. Después de publicar un artículo en el que retomaba la tesis, de origen hegeliano, sobre la muerte del arte, el teórico dio un giro en su trayectoria intelectual y aceptó convertirse en crítico de arte de la revista The Nation. Si se buscara resumir la intención de su obra “Después del fin del arte”, podría decirse que ella busca explicar la subyacente contradicción de 1984 entre su afirmación teórica y su nueva tarea profesional, pues ¿De qué habría podido ocuparse Danto en su flamante rol de crítico si, poco antes como filósofo, parecía haber despojado de todo objeto esa función? “(pag. 15)

Se las dejo picando ahí….

Si tienen ganas…y tiempo me gustaría que me cuenten que significa para Uds. ser artistas hoy, no tienen que contestarlo sólo quienes son artistas. Me interesan todas las opiniones. Luego, si quieren puedo transcribir todas las respuestas, o bien sólo las de aquellos que me autoricen a hacerlo.

Bueno, ya me cansé de escribir y además me estoy perdiendo “Gran Hermano”, me gusta ver cuando duermen…no por voyeurismo, sino porque cuando están despiertos hablan y como decía Marx (Groucho ) “Es preferible callar y que se sospeche que uno es tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”

Un abrazo.
El pato Lucas.

ARTISTAS DE LO QUE SOBRA

Días atrás fui al centro cultural Borges y al dar la vuelta por San Martín, casi al llegar a Córdoba pasé frente a un hotel –no recuerdo el nombre- muy moderno, muy cool y lo que llamó inmediatamente mi atención fue una obra colgada casi a la entrada. Era una imagen de Evita, y en un descanso de unas escaleras, un poco más atrás podía verse una imagen en rojo del che Guevara. Las dos obras pertenecían al grupo Mondongo. No sé si estaban hechas con arvejas, salame picado fino o perlas del Pacífico, realmente no recuerdo ese detalle, pero recordé, no sé por qué, al grupo Escombros. Los recordé porque ellos se autodenominan “artistas de lo que queda”: En realidad nunca me ha gustado el grupo Escombros; aunque simpatice con su ideario nunca me han gustado como artistas. Siempre me han parecido muy obvios sus planteos, ingenuos como mínimo. Pero lo que me interesa destacar es eso de “artistas de lo que queda” porque me parece que Mondongo está en las antípodas de esa denominación, de hecho ellos podrían autodenominarse “artistas de lo que sobra”, y no lo digo sólo por los materiales utilizados en sus obras –aquel famoso retrato estilo Lucian Freud realizado en carnes finas ahumadas debía costar más que un Lucian Freud – sino también por su actitud de niños ricos despreocupados y porque sus íconos también sobran, están disponibles para cualquier cosa. De hecho si el Che y Evita están en ese ámbito –un hotel cool para turistas- es porque están, bien lo sabemos, ideológicamente desactivados. Sobran, lamento decirlo. Sí, creo que Escombros y Mondongo representan dos visiones del mundo contrapuestas, tal vez epocales. Tal vez Mondongo sea un producto
– “producto” es un concepto más que adecuado en este caso- de la derrota de los ideales que inspiran a Escombros.

En mi delirio imaginé una gran retrospectiva de ambos grupos. La coexistencia de esas obras en un mismo espacio- tiempo sería más que interesante. ¡Un curador ahí!

Artistas de lo que queda. Artistas de lo que sobra.

ARTISTAS ES LO QUE SOBRA.


Saludos a todos.
El pato Lucas.

EL COMPLOT DEL ARTE

Hola a todos.

Voy a transcribir algunos fragmentos de un texto de Jean Baudrillard publicado en 1996 y que creo, se hace más actual cada día. El texto es “El complot del arte” (hay reedición reciente y económica de Amorrortu)

(…)PERO ¿QUÉ PUEDE SIGNIFICAR TODAVÍA EL ARTE EN UN MUNDO HIPERREALISTA POR ANTICIPADO, COOL, TRANSPARENTE, PUBLICITARIO? ¿QUÉ PUEDE SIGNIFICAR EL PORNO EN UN MUNDO PORNOGRAFIADO DE ANTEMANO? COMO NO SEA LANZARNOS UN GUIÑO PARADÓJICO, EL DE LA REALIDAD RIÉNDOSE DE SÍ MISMA BAJO SU FORMA MÁS HIPERREALISTA, EL DEL SEXO RIÉNDOSE DE SÍ MISMO BAJO SU FORMA MÁS EXHIBICIONISTA, EL DEL ARTE RIÉNDOSE DE SÍ MISMO Y DE SU PROPIA DESAPARICIÓN BAJO SU FORMA MÁS ARTIFICIAL: LA IRONÍA. (…)

(…)LA IRONÍA TAMBIÉN FORMA PARTE DEL COMPLOT DEL ARTE.(…)

(…) PUES BIEN, EN AMPLIA MEDIDA, EL ARTE CONTEMPORÁNEO SE DEDICA PRECISAMENTE A ESTO: A APROPIARSE DE LA BANALIDAD DEL DESECHO, DE LA MEDIOCRIDAD, COMO VALOR Y COMO IDEOLOGÍA. EN LAS INNUMERABLES INSTALACIONES Y PERFORMANCES NO HAY MÁS QUE UN JUEGO DE COMPROMISO CON EL ESTADO DE LAS COSAS, AL MISMO TIEMPO QUE CON TODAS LAS FORMAS PASADAS DE LA HISTORIA DEL ARTE. UNA CONFESIÓN DE ORIGINALIDAD, BANALIDAD Y NULIDAD ELEVADA AL RANGO DE VALOR Y HASTA DE GOCE ESTÉTICO PERVERSO. (…)

(…)ESTA PARANOIA CÓMPLICE DEL ARTE HACE QUE YA NO HAYA JUICIO CRÍTICO POSIBLE, SÓLO UN REPARTO AMISTOSO –NECESARIAMENTE DE COMENSALES- DE LA NULIDAD (…)

(…) EL ARTE CONTEMPORÁNEO APUESTA A ESA INCERTIDUMBRE, A LA IMPOSIBILIDAD DE UN JUICIO DE VALOR ESTÉTICO FUNDADO, Y ESPECULA CON LA CULPA DE LOS QUE NO LO ENTIENDEN, O NO ENTENDIERON QUE NO HABÍA NADA QUE ENTENDER. (…)

Bueno, me aburrí de transcribir.

Pregunta: ¿No deberíamos comenzar a hacernos cargo de que tal vez el arte realmente no existe más? Digo, si “Arte” es un concepto histórico, quiero decir históricamente situado – no hay Arte antes del siglo XV, no hay arte Egipcio ni Arte Medieval, eso es una proyección posterior- ¿No es más que probable que ese concepto ya no tenga vigencia? ¿No habrá finalizado su vida útil en algún momento aún no muy claramente determinado del siglo XX? ¿Recuerdan cuando Adorno decía en el comienzo de su “Teoría Estética” (cito de memoria) que con respecto al Arte ya nada era seguro, ni siquiera su derecho a la existencia? Yo sé que para los artistas es un tanto doloroso comenzar a preguntarse si el arte sigue vivo porque, ¿Cuál sería su lugar si el arte no existe más? Y ni hablar de los críticos y del mercado de arte que viven de esa ilusión, de esa impostura que es el arte contemporáneo en su gran mayoría. Si tantos otros conceptos han entrado en crisis y fenecido en nuestra historia reciente –aunque algunos siguen luchando desesperadamente por su existencia, aunque personalmente creo que son muertos a quienes nadie ha comunicado su deceso- como la idea de “Progreso” , o la idea de “Hombre” –ya mucho se ha hablado de la crisis del Humanismo-, hasta la misma idea de Naturaleza, que es indudablemente un concepto moderno está entrando en crisis (les recomiendo leer un pequeño libro de una socióloga argentina que vive en Brasil, Paula Sibila, el libro se llama “El hombre postorgánico”) ¿Por qué el arte debería sobrevivir? ¿Por qué debería sobrevivir, por ejemplo, al Humanismo? ¿Puede algún concepto sobrevivir cuando TODO es mercancía?

Tal vez estemos asistiendo a la extinción del arte y los artistas. Aunque quedan esperanzas. Hace millones de años un meteorito acabó con la existencia de los dinosaurios. Teorías contemporáneas dicen que muchos sobrevivieron y se transformaron en aves. Así, las aves actuales serían descendientes de aquellos enormes reptiles. Personalmente conozco a muchos artistas, pero ninguno me ha dicho aún que hayan comenzado a salirle plumas. Excepto a mí claro, que soy el pato Lucas.

Disculpen estas atropelladas reflexiones. Me gustaría que me envíen sus opiniones, generar algún tipo debate. Los artistas nos hemos acostumbrado a no discutir, sobre todo desde que algunos teóricos, con su habitual soberbia, dicen que los artistas no deben hablar de arte –algunos de Uds. sabrán a quién me refiero- . Podríamos decir, de todas formas que esto es más un problema filosófico que artístico ¿no?.
Bueno, si deciden contestar prometo incluir todas las respuestas en un futuro mail.

Saludos.
El pato Lucas.

Sobre “Un nuevo pluralismo”

Como estoy un poco nostálgico me puse a revolver algunos papeles viejos, reseñas de muestras, artículos periodísticos y cientos de catálogos que colecciono obsesivamente.
Encontré entre todo eso una pequeña joya de la sofística que me gustaría compartir con ustedes. Se trata de una reseña del Premio Banco Nación que escribió en el suplemento de cultura del diario La Nación un prestigioso crítico que a su vez fue jurado y curador de dicho certámen. Me dirán que es algo viejo pues tiene casi 6 años –pueden encontrar el material en la red en La Nación Line, la nota se llama “Un nuevo pluralismo” y es del 07-01-01- pero yo creo que hay cosas que no pierden vigencia. Hay en Argentina una forma de hacer política que es modelo para todo lo demás, incluyendo la crítica de arte.

El artista que ganó el primer premio –una abultada suma- fue en esa ocasión Jorge Machi –eterno enviado a cuanta muestra y bienal internacional hay y que en la última bienal en Venecia demostró que ya no tiene demasiadas ganas de trabajar, ni siquiera el concepto, que es lo que se supone que él hace-.

Voy a transcribir el final de la nota donde el crítico explica la obra ganadora, dice así:

“El jurado otorgó el Premio Adquisición de $ 30.000 a la obra de Jorge Machi (Buenos Aires, 1963), titulada “Publicidad”, una instalación fundada en sutiles mecanismos neoconceptuales. En un recinto especialmente construido, absolutamente oscuro, se levanta una alta torre negra, anónima, que ostenta en su parte superior dos carteles a la manera de los gigantescos anuncios que coronan algunos edificios de las grandes ciudades. Pero en lugar del cartel de moderno diseño que anuncia un producto prestigioso, se erigen dos pobres letreros, trazados con mano inexperta, que señalan: “Goteras” y “Electricidad”, junto a los números telefónicos. Apenas están iluminados por pequeñas lámparas que simulan los potentes reflectores de la publicidad urbana. Los letreros (auténticos ready-made) publicitan servicios que, lejos del consumismo al que se dedica la publicidad, ofrecen tareas sencillas y humildes que remiten a la desocupación que asola al país” (sic).

Si la descripción les ha parecido poco interesante, los que la vieron recordarán que la obra lo era menos aún. Pero este artista no sólo es uno de los pollos del prestigioso crítico sino también perteneciente al staff de la galería Ruth Benzacar. Perdón, me estoy desviando del tema principal de este texto. Lo que me importa remarcar es una pequeña fotografía que hay al final de la nota y que entra en una tensión interesante con el texto del crítico –remarqué en negrita las palabras finales a fin de mostrar lo que quiero decir- . En la fotografía tomada el día de la entrega de los premios esta Jorge Machi, el artista ganador, junto a Chrystian Colombo, en ese entonces jefe de gabinete del presidente De la Rúa. Es decir que posando para la foto se encuentra el artista que con su obra remitía a la desocupación que asolaba al país y a su lado el banquero, funcionario y uno de los principales implementadotes del modelo neoliberal de exclusión social que producía la desocupación que tanto preocupaba a Jorge Machi. ¿No es una joya? Son tiempos de distanciamiento, las pasiones deben ser desterradas, es de mal gusto tomarse las cosas demasiado en serio. La obra era pequeña, la preocupación también, lo contrario sería un anacronismo.

El mismo teórico defendía por esa época a todos aquellos artistas que trabajaban sobre una estética del sinsentido. “(…)vertiente más interesada en el contenido estético de las obras (…) que hace de la indiferencia una actitud política”(sic) (ver misma nota)

Con esta clase de argumentación comenta una muestra de Silvia Rivas (no tengo esa nota ante mí, pero si a alguien le interesa la busco e informo dónde puede consultarse)
Dice el crítico que Silvia Rivas, como tantos otros artistas contemporáneos “no está preocupada por los problemas sociales”. Nuevamente usa el teórico un curioso recurso. Asocia el desinterés de la artista por los temas sociales a su condición de artista contemporánea, y no nos dice –porque no es información relevante, excepto para mí que siempre le busco el pelo al huevo, (perdonen la expresión)- que además de artista contemporánea es la mujer de Chrystian Colombo. ¿Podría estar preocupada por las cuestiones sociales la mujer de un banquero neoliberal?

Dejo constancia de que no tengo nada contra Silvia Rivas, ni contra Jorge Machi en última instancia, sino contra los recursos retóricos, ideológicos, con los cuáles se disfrazan los hechos.

Debo agradecer a Laura por ser una de las tres personas que contestaron mi primer mensaje, espero que me conteste o me critique este también. Las otras fueron Adriana, y Alejandro, gracias también. Del resto de los críticos, artistas y galeristas que lo recibieron no tuve noticias así que supongo que no les interesó o bien que no quieren entrar en diálogo con un pato. Yo también me sentiría un poco idiota hablando con un pato.

Saludos.
El pato Lucas.

POMBO. UN ARTISTA HONESTO

He leído con gran interés la entrevista que le realizó María Moreno al artista Marcelo Pombo en el suplemento Radar de Página 12 del domingo 24/ 09/ 06.La frase que más llamó mi atención -y que está especialmente remarcada en la nota- es esa en la que Pombo dice: "Cuando no tengo un día bueno, detesto el arte contemporáneo, el reino de la impostura y de la petulancia. Pero en un día bueno pienso que gracias a sus límites tan elásticos yo puedo exponer en buenas galerías y recibir la atención de los críticos en lugar de estar vendiendo artesanías en Plaza Francia." (sic). Magnífica honestidad -probablemente involuntaria- la de Pombo que admite que sólo la impostura y petulancia del arte contemporáneo permiten que alguien como él, que debería ser un artesano de Plaza Francia tenga un lugar de privilegio en el "circuito" del arte. ¿Cuándo tendrán los críticos y teóricos el mismo nivel de honestidad? ¿Cuándo aceptarán que pisan el mismo suelo movedizo que los artistas? ¿Cuándo admitirán que "inventan" desde la misma impostura y petulancia que permite a Pombo ser considerado un gran artista?Es notable por otra parte el título de la nota de uno de los principales apologistas de Pombo el crítico Fabián Lebenglick, también en Página 12. "Sobre la línea de flotación." Claramente Pombo flota sobre la nada, pero me inclino a creer que no precisamente sobre esa nada del budismo que cita el crítico de arte -que antes era crítico literario- Daniel Molina, que en el prólogo de la muestra dice "(...)el mundo literalmente flota. Lo sólido se apoya y se desvanece en el agua, que a su vez se desvanece en el aire". No, no es esa nada sino más bien la nada a la que hace alusión Marx cuando dice "Todo lo sólido se disuelve en el aire", en referencia a la modernidad. Esta disolución de valores en los que creíamos hasta "casi ayer" no sería tan grave, pues está claro que creíamos muchas estupideces, el problema es que no hemos sido capaces de construir otros valores sustitutivos; estamos a medio camino del proyecto Nietzscheano. Y es esta nada la que permite, esta terrible confusión, entre otras cosas peores -como el predominio del "mercado" como único valor de referencia- que Marcelo Pombo no esté en Plaza Francia vendiendo artesanías. Y para ir terminando: Lebenglick, por favor, yo entiendo que estamos todos confundidos, pero establecer paralelismos entre Berni, un artista indiscutible, y Pombo, es demasiado.

Saludos.El pato Lucas.